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Cómo prevenir infecciones oculares en verano

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Las infecciones oculares son uno de los motivos más frecuentes de consulta oftalmológica, sobre todo en verano. En la mayoría de los casos y con el tratamiento adecuado, estas afecciones se resuelven en cuestión de días. Sin embargo, hay ocasionas en las que pueden arruinarnos las vacaciones, pues provocan una disminución de la visión y requieren un tratamiento más prolongado o incluso un trasplante de córnea.

Lo primero que debes saber es que el ojo tiene sus propias barreras para impedir que lleguen agentes infecciosos a su interior. Se trata de los párpados, la conjuntiva, la córnea y el sistema de defensa inmunológico, con células y medidores químicos que nos protegen de los virus, las bacterias, los hongos y los parásitos.

 

Los síntomas y tratamientos de las infecciones oculares en verano

Cuando los microbios entran en contacto con las estructuras oculares encargadas de la defensa de los ojos, se produce una respuesta del sistema inmune que trata de eliminarlo o expulsarlo. Esto puede dar lugar a una inflamación local, que también puede interferir en la vista.

Los síntomas de las infecciones oculares pueden ser leves, como enrojecimiento, secreciones y sensación de arenilla en los ojos, como sucede en las conjuntivitis. Este tipo de afecciones también pueden causar molestias en los párpados, con patologías como la blefaritis, los orzuelos o el chalazión. Pero también pueden darse casos en los que la sintomatología es más grave causando dolor, molestias con la luz o fotofobia y una disminución de la visión. Este último indica una posible afección en la córnea (queratitis) y puede tener repercusiones oculares graves.

En el caso de las conjuntivitis y las patologías relacionadas con los párpados, el tratamiento suele ser tópico, por medio de gotas o pomadas. Es muy importante que, además, de seguir las pautas dictadas por el oftalmólogo, se extremen las medidas de higiene para evitar el contagio a nivel familiar. Por ejemplo, es fundamental que no se compartan las toallas.

Otras infecciones oculares, como la queratitis, requieren un tratamiento médico más prolongado, con el consiguiente control y seguimiento por parte del oftalmólogo.

 

¿Cómo prevenir las infecciones oculares?

La primera medida para prevenir infecciones oculares es el lavado de manos, que cobra especial relevancia ahora dada la actual pandemia por la COVID-19. Sin embargo, no es la única prevención que debemos llevar a cabo.

También es muy importante proteger la superficie ocular del agua, especialmente cuando vayamos a la piscina, pero también del sol y del viento con el uso de gafas de sol. Estas impedirán que los agentes infecciosos que se propagan por el aire lleguen a nuestros ojos y nos protegerán, asimismo, de un posible golpe o herida si practicamos deporte zona boscosa o de montaña.

Por otra parte, si durante nuestras vacaciones nos da por el bricolaje, pintar o reparar algún electrodoméstico, debemos usar gafas de protección para evitar que el contacto ocular con cuerpos extraños, polvo, tóxicos o incluso algún impacto provocado por una astilla.

 

Grupos de riesgo

Hay algunos grupos de riesgo a los que hay que prestar especial atención para prevenir posibles infecciones oculares. Es el caso de los pacientes que presentan alteraciones del sistema inmune, patologías previas como el ojo seco o alteraciones del cierre palpebral, especialmente frecuentes en personas de edad avanzada.

Sin embargo, también pueden englobarse en esta categoría aquellas personas que usen lentes de contacto en verano. Hay  millones de personas en nuestro país que utilizan lentillas y aunque, en general, están bien educados en el manejo de estas, es necesario recordar que son un claro vehículo para provocar infecciones oculares graves. Por ello, es importante incidir en algunos puntos clave:

  • Las lentes de contacto no deben usarse más tiempo del recomendado.
  • Es necesario extremar las medidas de limpieza e higiene, especialmente en verano.
  • No volver a ponerlas si se caen al suelo.
  • No limpiarlas con agua ni con cualquier otra sustancia. Únicamente deben lavarse con productos específicos.
  • Retirarlas al menor síntoma de molestia ocular.

Una de las patologías más graves que puede darse en los usuarios de las lentes de contacto es la queratitis por acanthamoeba. Este parásito se encuentra habitualmente en el suelo y en el agua, especialmente en la de las piscinas, saunas y spas. Si las lentillas entran en contacto con estas amebas pueden provocar una infección grave en la córnea, que generalmente resulta muy dolorosa, tarda más de un año en tratarse y además, suele dejar secuelas graves en la visión.

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