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Diferencias entre la tensión arterial y la tensión ocular

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La tensión arterial y la tensión ocular pueden causar daños en los ojos cuando están demasiado elevadas. Sin embargo y, aunque a priori pueda parecerlo, no están relacionadas directamente entre sí.

La tensión o presión arterial hace referencia a la fuerza que ejerce la sangre en el interior de las arterias cuando el corazón late (tensión arterial sistólica) y cuando está en reposo (tensión arterial diastólica). Si está alta (en 140/90 mm-Hg o más), hablamos de hipertensión arterial, conocida por ser una enfermedad silenciosa, pues va dañando el cuerpo sin que el paciente pueda notarlo. Se estima que aproximadamente la mitad de las personas con hipertensión arterial sin tratar mueren a causa de una enfermedad cardíaca y otro tercio por un accidente cerebrovascular.

No obstante, la tensión arterial alta causa problemas en muchas partes del cuerpo, entre ellas, los ojos. La retinopatía hipertensiva, o daños en los vasos sanguíneos que trasportan la sangre a la retina, es una de las complicaciones más habituales. Este trastorno puede causar sangrados en el ojo, visión borrosa o incluso una ceguera completa. La hipertensión arterial también provoca la acumulación de líquido bajo la retina o coroidopatía. Esto sucede cuando uno de los vasos sanguíneos tiene una fuga, lo que causa visión distorsionada y en ocasiones una cicatrización que también afecta a la vista.

Asimismo, la hipertensión arterial puede generar daños en el nervio óptico (neuropatía óptica). Esto ocurre cuando se interrumpe el flujo de sangre al nervio y puede derivar en la muerte de las células nerviosas de los ojos, en un sangrado intraocular y en la pérdida de la visión. Y también puede ser el origen de una degeneración macular.

Por otra parte, cabe señalar que en algunos casos la presión arterial más baja de lo normal puede causar lesiones de aspecto glaucomatoso: sucede cuando el nervio óptico se daña por una mala perfusión sanguínea.

Aunque la alteración de la presión arterial puede derivar en enfermedades oculares, no está relacionada ni influye de forma directa en la tensión ocular.

 

La tensión ocular

La tensión ocular (o presión intraocular) hace referencia a la presión del interior del globo ocular, que de manera general debe situarse entre 10 y 21 mm-Hg. Sin embargo, hay factores intrínsecos, como la edad, y algunas patologías oculares que aumentan la tensión dentro del ojo. Es fundamental controlar este incremento con revisiones anuales, pues no da ninguna señal al paciente y puede dañar el nervio óptico de forma irreversible, derivando en glaucoma. De hecho, la presión intraocular elevada es el principal factor de riesgo modificable para acabar desarrollando esta enfermedad.

 

¿Qué causa la hipertensión ocular y cómo se trata?

La hipertensión ocular se debe a un mal funcionamiento del sistema de drenaje del humor acuoso, el líquido responsable de nutrir las estructuras de la región delantera del ojo. Cuando no fluye con normalidad se produce un desequilibrio entre el líquido alojado en el interior del ojo y el que sale hacia estructuras externas, lo que provoca el aumento de la presión intraocular.

Hay algunas personas más propensas a sufrir hipertensión ocular y, por tanto, glaucoma y son aquellas con antecedentes familiares de estos trastornos, los mayores de 60 años, afroamericanos y asiáticos, diabéticos, miopes o hipermétropes altos, quienes han sufrido traumatismos oculares o los que padecen determinadas enfermedades oculares y pacientes con riesgo de cierre del ángulo iridocorneal.

Los tratamientos de la presión intraocular alta varían según cada paciente. Pueden ser farmacológicos, terapia láser o procedimientos quirúrgicos. Por ello, es fundamental recordar la importancia de asistir de manera periódica a revisiones oftalmológicas completas, especialmente en los casos de pacientes con los mencionados factores de riesgo.

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