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Desprendimiento de retina: claves para detectar sus síntomas

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El desprendimiento de retina es una enfermedad ocular severa que en muchos casos, se produce sin previo aviso, si bien habitualmente presenta unos síntomas que debemos saber reconocer para acudir al oftalmólogo. Al ser indoloro, un diagnóstico precoz es fundamental para tratarlo con éxito. Desde el blog del Instituto Oftalmológico Fernández-Vega te explicamos qué es un desprendimiento de retina y cuáles son las claves para detectar sus síntomas a tiempo.

¿Qué ocurre en el desprendimiento de retina?

 El desprendimiento de retina consiste en una separación espontánea de la retina neurosensorial (capas internas) y el epitelio pigmentario (capa externa) que provoca, como consecuencia, que la primera se quede sin riego y se produzca la pérdida de visión.

Para comprenderlo mejor, debes saber qué es la retina. Imaginemos el ojo como un globo compuesto por tres capas: la interna o retina, la intermedia o coroides y la externa o esclera.

La retina neurosensorial es una estructura nerviosa, delgada y transparente formada por una serie de fibras y células fotosensibles. Recubre la capa interna del ojo de la misma manera que el papel de una habitación recubre las paredes y su función es parecida a la realizada por una película fotográfica. La luz pasa a través de la córnea y del cristalino y se focaliza sobre la retina, estimulando las células responsables de “capturar la imagen” y transmitirla al cerebro a través del nervio óptico.

Bajo la retina neurosensorial y separado de la misma por un espacio virtual, se encuentra el epitelio pigmentario, responsable de la nutrición de la retina y de la eliminación de las sustancias de desecho.

 

¿Quién puede sufrir un desprendimiento de retina?

La frecuencia de esta patología en la población es difícil de precisar, pero se calcula que afecta a una de cada 10.000 personas por año. Si asumimos una expectativa de vida de aproximadamente 74 años, la prevalencia resulta de 0,7%. Hay grupos de riesgo que deben tomarse en cuenta, puesto que en ellos se agrupan la mayoría de los casos: altos miopes, por encima de las siete dioptrías, aquellos que presentan zonas débiles en la retina o degeneraciones periféricas, pacientes con cirugías oculares previas y los traumatismos oculares.

 

El desprendimiento de retina puede ocurrir a cualquier edad, pero es más frecuente que se presente entre los 40 y los 80 años, siendo levemente más habitual en hombres que en mujeres, 60% versus 40%. El antecedente de esta patología en un ojo es también importante, puesto que la incidencia de compromiso posterior del otro ojo es de aproximadamente un 15%. Existe también una predisposición hereditaria, sobre todo por la presencia de zonas débiles en la retina. Por ello, aunque la mayoría de los casos son esporádicos, el antecedente familiar es un importante factor de riesgo.

Casi todos los desprendimientos son causados por desgarros en la retina, es el desprendimiento de retina regmatógeno (que proviene del griego “rhegma”, que significa fisura o ruptura).

¿Cómo se producen estos desgarros?

En el interior del ojo se encuentra el humor vítreo, firmemente adherido a la retina en algunos puntos concretos. Cuando éste degenera por la edad se produce una pérdida de su volumen y, finalmente su separación de la pared ocular y la retina, es el desprendimiento del vítreo posterior. Esta pérdida de volumen implica condensaciones en su interior que el paciente puede notar como “moscas volantes”, manchas o hilitos (el nombre técnico de estas alteraciones es miodesopsias) y la tracción en la zona de adherencias, que casi siempre es la periférica, constituyendo una posibilidad de desgarro de la retina. Cuando la tracción del vítreo sobre la retina es patente, el paciente puede ver como “destellos” o “relámpagos” (fotopsias).

Si se produce un desgarro, el fluido que compone el vítreo penetra bajo la retina, facilitando su separación y el posterior desprendimiento. La zona desprendida no puede funcionar correctamente y producirá visión borrosa o una zona de ceguera.

Sin embargo, debemos recordar que el desprendimiento de vítreo es un proceso vital que sucede en todos los individuos en algún momento de su vida y, en la gran mayoría de los casos, no genera ninguna rotura retiniana, aunque se aprecian las miodesopsias o moscas volantes. Esto quiere decir que la visión de puntos negros, sombras o hilitos en general no tiene que asustar. Habitualmente se perciben más acusadas sobre fondos claro o en días de mucha luminosidad. Además, es frecuente percibir las fotopsias en habitaciones oscuras o con los ojos cerrados. Solamente cuando acontece en las mismas un cambio brusco, el paciente debe acudir a su oftalmólogo para una revisión del fondo del ojo.

 

¿Qué puede notar el paciente que tiene desprendimiento de retina?

Los síntomas de alerta son la aparición brusca de moscas volantes en el campo visual o la aparición de luces centelleantes. Otros síntomas son la percepción de una ondulación o velo en su visión, o la apariencia de una sombra en las zonas laterales del campo visual que progresa hacia la zona central. El desarrollo de un desprendimiento ocasionará una borrosidad en la visión central y creará una pérdida significativa de visión si no se trata de forma rápida y eficaz.

En raras ocasiones puede suceder de forma repentina y el paciente puede experimentar una pérdida total de la visión de un ojo. Un efecto similar también puede ser causado por una hemorragia en el vítreo, asociada a veces a un desgarro o a un desprendimiento de retina.

El desprendimiento de retina no duele porque en la retina no hay terminaciones nerviosas para el dolor. Por esta razón, en escasas ocasiones, puede ser asintomático y no percibirlo hasta tiempo después.

Si el desprendimiento de retina es reciente, no hay una importante pérdida de visión central, solo del campo visual. Es cuando avanza hacia la parte posterior del ojo (el centro de la retina) cuando se produce la máxima limitación visual.

 

¿Cómo prevenir un desprendimiento de retina?

Es importante que las personas de riesgo se sometan a revisiones periódicas al menos una vez al año. Debemos también proteger todas aquellas lesiones o desgarros que puedan desembocar en un desprendimiento de retina. La fotocoagulación consiste en dar una serie de impactos con láser en todas las lesiones susceptibles de derivar en esta patología, ya que el láser sellará la retina en aquellas zonas en donde se encuentra debilitada creando una fuerte adherencia entre las capas retinianas. Es un proceso indoloro y se realiza ambulatoriamente a través de la pupila.