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¿Cómo se trata el ojo seco?

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Quemazón, sensación de arenilla, escozor… Estos son algunos de los síntomas que presentan las personas con ojo seco. Es una enfermedad que afecta a las partes más externas del órgano y que se produce cuando este pierde su función de proteger, lubricar y mejorar la visión. En los últimos años ha crecido la concienciación sobre esta enfermedad en todo el mundo, por su gran prevalencia y su repercusión en la calidad de vida de quienes la padecen. Tanto es así, que el ojo seco constituye una de las consultas más habituales en atención primaria y oftalmología.

No obstante, solo hace treinta años que se definió como enfermedad y desde entonces los conocimientos sobre su origen han avanzado mucho. La definición más reciente es la presentada en julio de 2017 por la Sociedad de Superficie Ocular y Película Lagrimal, que promovió la segunda edición del informe internacional del ojo seco o DEWS, por sus siglas en inglés (Dry Eye Workshop), elaborado por un comité con 156 expertos de 23 países. Este informe concluye que se trata de una dolencia multifactorial en la que intervienen la inestabilidad de la película lagrimal, la inflamación y daño de la superficie ocular y alteraciones neurosensoriales. Y afecta a todas las estructuras que producen y mantienen la película lagrimal. Desde la córnea, conjuntiva, párpados, pestañas, glándulas lagrimales principales y accesorias, hasta las glándulas de meibomio (producen los lípidos de las lágrimas) e, incluso, la inervación de todas estas estrucuturas.

Principales síntomas

Los síntomas más frecuentes son la sensación de tener arenillas dentro del ojo, sequedad y quemazón. Otras manifestaciones menos habituales son enrojecimiento, secreción filamentosa (legañas) y, en los casos más graves, puede llegar a producir molestias con la luz (fotofobia), dolor y disminución de la visión. Todos estos síntomas pueden verse agravados con determinadas actividades, como ver la televisión durante un tiempo prolongado, o por factores ambientales, como el viento o el humo del tabaco.

Las causas más habituales, pues afectan a la mitad de los pacientes, son la aparición de enfermedades en la piel de los párpados como blefaritis o la rosácea ocular (caracterizada por la inflamación, crecimiento de pequeños vasos que enrojecen la piel, ardor y picazón en la piel). Asimismo, la menopausia, o los usuarios de pantallas de visualización de datos, debido a un menor parpadeo por prestar excesiva atención a la pantalla. En otras ocasiones, el ojo seco puede estar asociado a enfermedades metabólicas y hormonales, como el hipotiroidismo; patologías autoinmunes, como el reumatismo o el Síndrome de Sjögren; y alteraciones del sueño, entre otras.

Tipos de ojo seco

Existen varios tipos de ojo seco:

  • El causado por una falta de secreción acuosa lagrimal. Dentro de este tipo se encuentran, por ejemplo, los afectados por el Síndrome de Sjögren, una enfermedad autoinmunitaria caracterizada por inflamación linfocitaria y destrucción de las glándulas lagrimales y salivares, así como de otros órganos endocrinos.
  • El tipo evaporativo, cuando la lágrima es de ‘mala calidad’ y se mantiene en el ojo menos tiempo del que debería. Esta tipología de ojo seco y la anterior se interrelacionan a menudo.
  • Con un componente neuronal. Esto incluye a pacientes que presentan síntomas de ojo seco, pero sin signos apreciables en una exploración médica. Es lo que se define como dolor neuropático. También puede darse el caso contrario, cuando los pacientes presentan numerosos signos en la exploración, pero ninguna sintomatología, lo que implicaría una sensibilidad disminuida de la córnea.

Diagnóstico y tratamiento

No existe ninguna ‘prueba de oro’ para el diagnóstico del ojo seco, por lo que si padeces alguno de los síntomas mencionados anteriormente, lo más recomendable es que acudas a un especialista para que una revisión detallada. Entre las pruebas más frecuentes está la evaluación de los síntomas mediante cuestionario, la determinación de la agudeza visual y una exhaustiva exploración de la superficie ocular. También se suele medir el tiempo que permanece la lágrima en el ojo y se lleva a cabo el test de Schirmer, que mide la producción de lágrima acuosa mediante unas tiras especiales que se colocan en el párpado inferior durante cinco minutos.

Es importante saber que se trata de una enfermedad irreversible, crónica, progresiva y lenta, por lo que su tratamiento será, en la mayoría de los casos, para toda la vida. Por lo tanto, aunque habrá momentos en que los síntomas mejoren, siempre es necesario mantener un tratamiento de base.

El último informe internacional del ojo seco divide las diferentes opciones de tratamiento en función del nivel de gravedad de la enfermedad, valorado del uno al cuatro. Se pueden aplicar de forma gradual, si las medidas iniciales resultan insuficientes o bajar de nivel si los síntomas mejoran.

  • Dentro del nivel 1 hay varias líneas de tratamiento. Lo principal es la educación y modificaciones medioambientales/dietéticas, entre las que destacan la importancia de parpadear a menudo, evitar la exposición al viento sin gafas de sol y el humo del tabaco y prevenir y tratar la alergia ocular. También es importante asegurarse de que otros medicamentos no agravan los síntomas, como sucede con varios ansiolíticos y diuréticos. El especialista recomendará el uso de una lágrima artificial sin conservantes, incluidos geles y pomadas, además de una limpieza exhaustiva de los párpados para tratar la blefaritis y la disfunción de las glándulas de meibomio. Es importante saber que no existe una lágrima artificial ideal, por lo cual cada paciente deberá encontrar con su oftalmólogo la que mejor se adapte a sus necesidades.
  • En el nivel 2, las opciones de tratamiento pasan por la recomendación de antinflamatorios y antibióticos, complementar la dieta con ácidos omega 3, el uso de gafas con cámara húmeda o cubiertas laterales para las lentes normales y dispositivos en consulta para mejorar la capa lagrimal y de luz pulsada para la disfunción de las glándulas de meibomio.
  • Dentro del nivel 3, se encuentran los colirios de suero autólogo y plasma rico en factores de crecimiento realizados con la propia sangre del paciente y las lentes de contacto terapéuticas.
  • Por último, en el nivel 4, están los casos más graves en los que, además de las medidas anteriores, se plantea la cirugía. Incluiría el trasplante de la membrana amniótica para tratar las lesiones en la córnea y la conjuntiva y la intervención para eliminar la oclusión de puntos lagrimales, entre otras.

A modo de resumen, es importante recordar la dificultad del diagnóstico y clasificación del síndrome de ojo seco por la gran variabilidad de signos, síntomas y factores relacionados.

En el tratamiento de la enfermedad de ojo seco es de vital importancia tener en cuenta los factores ambientales.

No existe una lágrima artificial ideal, por lo cual cada paciente deberá encontrar con su oftalmólogo la que mejor se adapte a sus necesidades.

Por último, tanto el diagnóstico como el tratamiento de la enfermedad de ojo seco están en continuo desarrollo por la cantidad de estudios básicos que se están llevando a cabo en la actualidad.

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