La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) es una de las enfermedades de la retina más frecuentes. De hecho, es la causa más común de ceguera legal en mayores de 55 años.
La mácula es la responsable de la visión central, la percepción de detalles y la capacidad de distinguir colores, y cuando se ve afectada por la DMAE se produce un deterioro progresivo que impacta directamente en la calidad de vida de quienes la padecen.
Inicialmente se distinguían dos tipos de DMAE:
- DMAE seca
- DMAE húmeda
Actualmente la DMAE se clasifica en tres fases según la gravedad de la patología:
- DMAE precoz
- DMAE intermedia
- DMAE avanzada
La última, incluye la atrofia geográfica macular y la neovascularización coroidea, antes definidas como seca y húmeda.
¿Cuál es la causa de la DMAE?
A pesar de estar entre las enfermedades de la retina más comunes, la causa inicial de la DMAE es desconocida. Lo que sí se sabe es que el envejecimiento es el principal factor de riesgo. Por lo que su relevancia aumenta con el crecimiento de la población mayor.
Además de la edad, otros factores de riesgo como la genética y el tabaquismo también influyen directamente en el desarrollo de esta enfermedad. En menor grado también afectan la arterioesclerosis, la obesidad, la hipertensión arterial, la dieta rica en grasas o la baja concentración en plasma de antioxidantes y zinc, entre otros.
Síntomas de la DMAE
La detección precoz de la enfermedad, el correcto diagnóstico y su clasificación y la rápida instauración del tratamiento son esenciales. Los síntomas iniciales incluyen la metamorfopsia (percepción de líneas rectas como onduladas) y la mala visión central. Además, ante la progresión de la DMAE neovascular, la mayoría de los pacientes sufren una importante pérdida de agudeza visual en el primer año, sobre todo en los primeros 3 a 6 meses.
Para realizar un correcto diagnóstico de todas las enfermedades de la retina es imprescindible la visita con el retinólogo, siendo necesarias la siguientes exploraciones:
- Tomografía de coherencia óptica ( OCT) y angio OCT
- Examen de fondo de ojo con dilatación de la pupila
- Examen de agudeza visual con optotipo ETDRS a poder ser
Nuevos horizontes en los tratamientos
La investigación sobre enfermedades de la retina y la DMAE ha demostrado que una detección temprana de alteraciones en esta estructura puede marcar la diferencia entre preservar la visión o experimentar un deterioro irreversible.
En la actualidad, la DMAE seca no dispone de un tratamiento curativo. Sin embargo, existen suplementos nutricionales basados en antioxidantes y zinc que han demostrado retrasar la progresión en determinados estadios de la enfermedad. Además, los ensayos clínicos con terapias génicas y moléculas neuroprotectoras ofrecen perspectivas prometedoras para preservar la función macular.
En la DMAE húmeda, la introducción de los fármacos anti-VEGF (antiangiogénicos) supuso un cambio radical. Estos medicamentos, administrados mediante inyecciones intravítreas, inhiben la formación de vasos sanguíneos anómalos y han permitido conservar e incluso mejorar la visión en muchos pacientes. Actualmente, las tendencias se orientan hacia terapias génicas y fármacos de liberación prolongada que reduzcan la frecuencia de las inyecciones, mejorando la calidad de vida de los pacientes.
Otras enfermedades de la retina frecuentes
Además de la DMAE, la retina puede verse afectada por numerosas patologías relevantes, entre ellas:
- Retinopatía diabética: principal causa de ceguera en población en edad laboral.
- Retinosis pigmentaria: enfermedad hereditaria que causa degeneración progresiva de los fotorreceptores.
- Desprendimiento de retina: una urgencia oftalmológica que requiere cirugía para intentar preservar la visión.
Estas enfermedades de la retina requieren un cuidado especial, ya que a menudo son detectadas cuando el daño ocular ya es significativo, lo que puede dificultar la recuperación de la visión.
Lo más recomendable es acudir a revisiones oftalmológicas periódicas, especialmente a partir de los 50 años. Además, es esencial seguir las indicaciones de los profesionales de la salud visual y mantener hábitos saludables para los ojos, controlar factores de riesgo como la diabetes y el tabaquismo, y mantener una alimentación equilibrada, con el fin de reducir el riesgo de complicaciones.