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Enfermedades asociadas a la alta miopía

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La miopía es un error óptico condicionado por un aumento de la longitud del globo ocular que hace que las imágenes no se enfoquen en la retina, sino por delante de esta. De manera que los miopes tienen una visión borrosa de los objetos que están lejos, mientras que los objetos cercanos los aprecian con claridad. Cuando los errores son superiores a 6 dioptrías o con longitudes del ojo superiores a 24 mm pueden generar un ‘estiramiento’ de las estructuras oculares, que puede conllevar complicaciones. En este post de blog hablaremos de ellas y de las enfermedades asociadas a la alta miopía.

La mayoría de ellas tienen lugar en la mácula, parte de la retina que se encarga de leer o reconocer las caras de las personas. Sin embargo, también existen otras posibles complicaciones graves relacionadas con alteraciones en el nervio óptico.

Maculopatías miópicas

Las maculopatías miópicas son un trastorno macular adquirido como consecuencia de la miopía magna o patológica. Pueden ser por atrofia, por tracción, como la retinosquisis o el agujero macular, y por neovasculairzación coroidea. Esta última es la más frecuente y la más problemática. Consiste en la formación de unas membranas de vasos sanguíneos anormales, llamados neovasos, que primero distorsionan y luego destruyen la retina en la mácula. Los síntomas más característicos son la visión de líneas torcidas y la pérdida de la capacidad de lectura por la presencia de una mancha fija en la visión central.

Su tratamiento se realiza a base de inyecciones periódicas en el interior del ojo con anestesia tópica. Se trata de inyectar antiangiogénicos, unos fármacos que tienen como objetivo cerrar los neovasos que están afectando a la mácula. Es altamente efectivo, especialmente cuando la enfermedad ha sido diagnosticada de manera precoz. De hecho, se consigue mejorar los síntomas en la mayoría de los casos.

Desprendimiento de retina

Otra de las enfermedades asociadas a la alta miopía es el desprendimiento de retina. Es la separación de la membrana sensible a la luz (retina) en la parte posterior del ojo de sus capas de soporte. Esta enfermedad no causa dolor ni molestias, pero sí provoca síntomas visuales. El paciente percibe un incremento brusco en las moscas volantes, muchas veces acompañadas de relámpagos, y una sombre más o menos grande y fija en su campo de visión.

El tratamiento del desprendimiento de retina es quirúrgico y se basa en colocar de nuevo la retina en su sitio. Actualmente hay varias opciones y puede ser necesario combinar algunas de ellas:

  • Fotocoagulación con láser. Los desgarros producidos en la retina se aislan cauterizando con un láser la zona afectada, lo que se realiza a través de la pupila de forma ambulatoria.
  • Crioterapia. Se utiliza el frío para cauterizar la rotura de la retina. El procedimiento también se realiza a través de la pupila.
  • Retinopexia neumática. Se aplica una sección de retina desprendida mediante la inclusión de una burbuja de gas en el interior del ojo. Después suele aplicarse láser o frío. El gas hace presión y recoloca la retina desprendida
  • Cirugía escleral. La reparación de la rotura de la retina se realiza aplicando una presión externa sobre el globo ocular, mediante la colocación de una banda de silicona. De esta forma, se aproxima la pared del globo ocular a la retina desprendida.
  • Vitrectomía. Se vacía el vítreo del interior del globo ocular liberando fracciones internas y dando elasticidad a la retina desprendida. Después se drena el fluido y se sustituye el vítreo por gas, aceite y silicona para mantener la retina en contacto con la pared del globo ocular.

El pronóstico depende de la extensión de la retina desprendida, el tiempo de evolución y las enfermedades asociadas del paciente.

Alteración del nervio óptico o glaucoma

El daño del nervio óptico o el glaucoma también pueden estar asociados a la miopía patológica. El nervio óptico se encarga de conectar los globos oculares con la parte del cerebro responsable de la visión. Su función es transportar las imágenes captadas por el sistema visual, transformadas en impulsos nerviosos, al cerebro para procesarlas. Cuando el nervio óptico está dañado, el principal síntoma es la disminución o pérdida parcial o total de campo visual. Sin embargo, también puede manifestarse con visión borrosa, alteración de los colores y destellos luminosos.

El glaucoma, por otra parte, es una enfermedad degenerativa que también afecta al nervio óptico. Lo va minando, provocando la pérdida progresiva las fibras nerviosas de la retina y alterando su aspecto. Es la primera causa de ceguera irreversible en el mundo y su diagnóstico precoz es clave, pues mejora el tratamiento y el pronóstico de la enfermedad. Existen algunos factores de riesgo para desarrollar glaucoma, entre los que se encuentra la alta miopía o miopía magna. Pero también hay otros condicionantes como los antecedentes familiares o las lesiones oculares.

El tratamiento del glaucoma varía en función de las características de cada paciente. De manera general, se empieza con un tratamiento a base de colirios para reducir la presión intracorneal, pero también existen otras opciones como el láser y la cirugía.